Y empezó la tarea, comentaba uno
de los jóvenes de la plataforma, otro decía "ahora si iniciamos el
camello" y por último, se escuchaba decir por ahí “pobre Didier, esta
semana le va a tocar muy duro”; con estas palabras y con muchas expectativas,
inició en esta semana de la juventud, la actividad de cartografía social
juvenil, que al son de los tambores y trompeta de la barra Los del Sur Villao
decidí describir un poco lo que sucedía aquí.
Siendo las casi dos de la tarde
fuimos llegando en bandada. Cuatro carros con sillas, mesas, sonido y una gran
expectativa de lo que sería el evento de inicio de la Cartografía Social
Juvenil. Estábamos allí en el coliseo del barrio Comuneros, barrio
perteneciente a la comuna siete de Villavicencio, acomodando todo mientras que
al son de la música una vez instalada, uno a uno fueron llegando niños y niñas
a ver que sucedía.
La
gente, los vecinos del sector se asomaron a las ventanas, algunos arriesgados
preguntaron y otros ya citados antes, empezaron a arrimar, como cuando las
hormigas empiezan a llegar cuando hay un grano de azúcar en el suelo.
Al
pasar una hora, con mucha expectativa y tratando de mantener el orden, Anderson
se apropió del micrófono y como un maestro de ceremonia coordinó y organizó la
vaina, pues niños corriendo, gritando, gente con caras de interrogación y
algunos nerviosos se miraban por las graderías de este coliseo.
Después de dar la explicación e
introducción, le cedió el micrófono a la chiquita que nunca necesita utilizar
uno, pero que hoy lo tomó con una fuerza que al oír su voz, despertó a más de
un distraído, saludando a todos y todas, y dando las explicaciones para
organizar los grupos de trabajo.
Uno a uno se fue acercando. Los
sabios: personas adultas y mayores para que nos contaran como era su comuna, su
barrio cuando aún no existíamos, sin embargo entre ellos solo se escuchaba
“Como será esta vaina, a que vine” mientras se desplazaban muy tímidamente y
lentamente a la mesa de trabajo.
Luego al nombrar el grupo de
presente, que era trabajado por los jóvenes, nadie llegó, temerosos éstos
jóvenes se quedaron en las graderías, sólo se miraban unos a otros y susurraban
entre ellos, esperando quien era el valiente en dar el primer paso y acercarse
a la mitad de la cancha donde estaba el mapa.
Al nombrar al grupo tres, el
futuro, representado por nuestra niñez, se abalanzó una horda de niños
alrededor del mapa, que inquietos, ansiosos y sin temor tomaron asiento en el
suelo haciendo toda clase de preguntas.
Anderson,
tomó la palabra, hizo una segunda invitación a los jóvenes, los cuales
temerosos y con un poco de vergüenza empezaron a acercarse uno a uno, hasta que
al final estaba rodeado de jóvenes con caras de pregunta y sin saber que vienen
a hacer.
Expectativos, uno a uno y con un
poco de temor, se enumeraron de uno hasta seis para formar los grupos por cada
uno de los derechos a trabajar. Mientras se realizaba esto, los integrantes de
la mesa del pasado, casi silenciosos, en comparación al ruido que se generaba
en el lugar, trabajan aportando sus conocimientos.
La actividad transcurrió en
relativa calma mientras que era acompañada por el sonido de los tambores y
trompeta de la barra Los del Sur Villao y las melodías de las decenas de voces
entre niños, niñas, jóvenes y adultos que se encontraban aquí.
Observando al grupo del futuro,
me doy cuenta que efectivamente la población infantil tiene que ser la que más
atención le preste el estado, pues además de ser el futuro, también por su
inocencia y muchas otras características, deben estar garantizados todos sus
derechos, pero que desafortunadamente hoy en día en muchos sectores y barrios
de nuestra ciudad, no lo están, pues así como en esta actividad, tiene el mayor
número de facilitadores en comparación de los otros dos grupos, en la realidad
debería ser igual.
La
actividad continuó y lo único que cambio en el panorama, fueron los rallos del
sol acariciando la espalda de algunos jóvenes, mientras pasaba la tarde se ven
niños corriendo, algunos dibujando, orientados por los compañeros de la
plataforma y niñas de la barra; chaquetas y buzos verdes se resaltan en el
panorama, pero en especial, una camisa de color zapote con la palabra postobon
en la espalda, que pasea en el coliseo recogiendo la basura en una bolsa.
Al cabo de un rato y gracias a
los rallos del sol, que cada vez cubría el coliseo, nos desplazamos a uno de
sus lados para dar inicio a la socialización dentro del grupo. De esta forma,
un joven de cada grupo de los derechos tomó la vocería, algunos tímidos, otros
forzados por sus compañeros y uno que otro valiente, empezaron a darnos su
punto de vista del barrio y comuna, describiendo los lugares de riesgo,
protección y tolerancia.
Risas iban y venían, algunas
palabras jocosas y chistes males intencionados entre ellos y ellas, pero con
mucho respeto se escucharon, compartieron y se conocieron, pues a pesar de
convivir en el mismo contexto, o hasta en el mismo colegio, algunos nunca se
habían encontrado.
La actividad finalizó a las seis
de la tarde, recogiendo el desorden, rifando tres balones y compartiendo el
refrigerio, la gente se fue retirando del polideportivo. Nosotros, agotados
pero felices por la labor cumplida, tenemos la convicción de que gracias a la
voz de estos jóvenes, algunos escolarizados, otros no, muchos con problemas
familiares; esta actividad que hoy iniciamos y que la finalizaremos el próximo
viernes, creemos, nos servirá para generar un trabajo basado en la realidad
juvenil, en la vivencia diaria de estas comunidades, lo cual nos permitirá
comprender mejor el territorio en el que vivimos y a ellos poder mirarse y
tener un auto retrato de que es lo que tienen en su barrio y como poder ayudar
a generar el cambio que cada uno y cada una queremos.
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