jueves, 4 de febrero de 2016

Indignación de un profesor

El día de hoy me dirigí a la alcaldía de Villavicencio, ansioso por buscar una oportunidad laboral en el campo público como docente provisional en alguna institución educativa. 

Estando allí, en primera medida fui a la oficina administrativa de la Secretaria de Educación para radicar mi hoja de vida, la cual tiene: el certificado de algunos congresos donde participe estando en la universidad, dos certificaciones laborales, copia de mi cédula, libreta militar y mis datos personales, un procedimiento que esperaba no me tomara mucho tiempo y fuera ágil, pero una vez estando allí, me acerque a una de las señoritas que atienden al público y le dije “Buenos días, vengo a radicar una hoja de vida para la secretaria de educación”.

La respuesta me indigno totalmente y lo primero que pensé fue que, además de la formación profesional, los cursos que tengamos y lo competentes que seamos, eso no sirve sino tenemos un padrino, pues la respuesta de la señorita fue: “nosotros no estamos autorizados para recibir hojas de vida, si quiere vaya saque una cita con el alcalde y se la pasa a él, o sino traiga una recomendación de alguien, de algún concejal o amigo que tenga, porque si no, la hoja de vida se le pierde”.

Considerando esto y como segunda oportunidad, me dirigí al cuarto piso, donde queda la oficina de la secretaria de educación. Estuve parado cerca de 10 minutos, esperando que la señorita que está en la recepción se desocupara, pues se encontraba ocupada buscando un estudiante dentro del sistema, requerimiento que le estaba haciendo otra señora.

Observando la demora y teniendo en cuenta que la respuesta que requería no tendría ninguna demora, le pregunte ¿señorita, como hago para radicar una hoja de vida?, esto fue como si le hubiera hablado a una pared, pues esta señorita, no hizo ningún gesto, de su boca no salió ninguna palabra, afortunadamente, al lado de ella se encontraba un estudiante del INEM, seguramente practicante de algo, pues éste fue quien reaccionó después del silencio de la funcionaria y me dijo, ya le averiguo y se dirigió al interior de las oficinas.

A los diez minutos, el estudiante regreso y me pregunto, es un docente, le dije sí, soy yo, luego de ir y venir nuevamente, me dijo que subiera al octavo piso, que allí me la recibirían. Esto fue un alivio y esperando que me recibieran mi hoja de vida, subí los escalones y una vez estando en el octavo piso encontré a una señora tratando de digitar algo en su computador.

Como era la única funcionaria que se encontraba allí, le dije, “hágame un favor, es que vengo a radicar una hoja de vida”. Esto hizo que ella reaccionara subiendo la cabeza y mirándome me dijo, aquí no recibimos hojas de vida, entonces le conté la travesía que estaba haciendo desde que había tocado el suelo de la alcaldía y me contesto en voz baja, “lo que pasa es que usted tiene que venir recomendado por alguien, o traer algún oficio de algún concejal o no sé, amigo político, porque si no, la hoja de vida pueda que se la reciban, pero queda en archivo y nunca lo llaman, así es aquí, es una rosca ni la berraca”.

Teniendo en cuenta esto, creo que mi gesto de rabia y de decepción se me noto, pues lo único que le dije fue gracias y di la vuelta para presionar uno de los botones del ascensor, que se encontraba subiendo pasando por el sexto piso.

Mientras esperaba que las puertas se abrieran, otra funcionaria se me acerco y me dijo lo mismo, añadiendo que “eso aquí es una rosca, imagínese que lleve la hoja de mi hijo a otra oficina y hace siete meses está allá, eso que yo trabajo aquí y no he podido hacer nada para que lo contraten”.

Al ingresar al ascensor lo único que hacía era reflexionar de la indignación y la rabia que le da a uno, darse cuenta que definitivamente los funcionarios públicos, no están para servirle al público, sino somos nosotros quienes les servimos a ellos y que definitivamente el estudiar cinco años, tener buenas notas, llevar unas buenas recomendaciones personales y profesionales, hacer cursos de actualización, participar en congresos no sirven al momento de acceder a un cargo como docente provisional de alguna institución pública; parece que lo único que sirviera es trabajar en alguna campaña politiquería, rendirle pleitesía a algún concejal y vender sus principios y conciencia.

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